El Reino de Ciarénfediin

¿Ves allá arriba? ¿Por aquella nube colosal a la izquierda del sol que brilla?  Alto, muy en lo alto de los cielos y los océanos de la Tierra del fin, en el pico de este universo, existió entre muchos otros, un reino llamado Ciarénfediin.  Lleno de diversos lugares y gentes, Ciarénfediin tenía tres de las más bellas ciudades de la región creciente: Orodash, Piedrack, y Margen.  

Orodash era la ciudad de oro.  Allí todo estaba hecho del más puro, suave, y reluciente oro.  Consecuentemente, todo el que entraba allí, quedaba ciego de tanto resplandor  y boquiabierto ante tanta maravilla.  Piedrack era la ciudad de roca   donde todo estaba confeccionado de piedras preciosas cual más bellas.   Cristales impecables y cortes perfectos enmarcaban de la ciudad, el más bello aspecto.  Todos sus visitantes quedaban estupefactos al ver tanta riqueza, tantas estrellas, y tantos destellos luminosos.   

Sin embargo, Margen, la ciudad del rey de Ciarénfediin, era la más espectacular de todas ellas. En Margen, el cielo estaba hecho de nubes de Marshmallow y planicies de un exquisito azul caramelo.  El sol era de mantequilla de maní; la luna y las estrellas eran de merengue de vainilla guaraní.  Las montañas eran de un chocolate almendrado, melado, y granulado. 

Todos en el Reino de Ciarénfediin eran felices, pues vivían en total armonía.  Hasta que una vez, un misterioso caballero de reinos lejanos llamado Sir Gab, llegó a Ciarénfediin anunciando malos agüeros.  Al llegar a la ciudad de Orodash pidió ser admitido para así prevenir desastres en camino.  Necesitaba descubrir ante los ojos del gobernador los horrores que se aproximaban con urgencia, pues esto era su más grande agencia.  El gobernador podría hacer algo por todos con su apuro.  Una vez en presencia del gobernador, Sir Gab exclamó:  

Sir Gab: “¡Oh gran gobernante de Orodash!”  “Soy Sir Gab del reino vecino de Dadbon.  Nuestras ciudades han estado siendo destruidas una a una por un desalmado hechicero.   Ha destruido miles de reinos vecinos a los nuestros.  No se sabe cuál es su propósito o su razón para causar tanta desdicha, dolor, y destrucción.  Por favor, le ruego nos ayude con su inmediata acción”.

Gobernador de Orodash: “Nada nos gustaría más que ayudarles... Pero Orodash es una ciudad pacífica.  No podemos inmiscuirnos en guerras ajenas, mucho menos cuando desconocemos del enemigo las intenciones negras.  No nos gusta el conflicto y no lo buscamos.  Te deseamos suerte a ti y a los tuyos.  Puedes quedarte si así lo deseas; eres bienvenido a Orodash”.

Sir Gab se quedó en la ciudad tratando de convencer al gobernante que estaban expuestos al peligro y a la maldad.  Sin embargo, atención nadie le prestó.  El mago llegó por fin al Reino de Ciarénfediin.  La primera ciudad en ser atacada fue ni más ni menos que Orodash.  Fue hasta entonces cuando el gobernante mandó a llamar a Sir Gab.

Gobernador de Orodash: “Sir Gab, vos que sos un gran caballero y que sabes de esta destrucción, os ruego... Id a Piedrack y las ciudades más cercanas y buscad ayuda pues nuestras fuerzas son momentáneas  ¡Andad!  Antes de que sea demasiado tarde”.

Sir Gab que era un hombre noble y bondadoso no se rehusó a tenderles una mano y salió de inmediato rumbo a Piedrack.  Al llegar, pidió ver al gobernador quién le recibió con mucho fulgor.  Sir Gab contó la historia alertándoles del peligro que vendría  pero el gobernador le respondió:

Gobernador de Piedrack: “Tu reino y Orodash están cerca de nuestra ciudad, pero esto no significa que nos atacarán a nosotros por igual.  No podemos hacer nada.  Somos gente pacífica, amamos la paz y haremos hasta lo imposible por preservarla.  Mis hombres te podrían llevar a ciudades vecinas para que busques ayuda.  O también podemos darles a tu gente y la gente de Orodash amparo, para que puedan escapar de la enorme destrucción que describís”.

Sir Gab: “Gracias noble gobernante.  Iré a ciudades vecinas a ver si allí encuentro la ayuda que buscamos”.

Sir Gab salió de inmediato pues el asunto no podía esperar.  Apenas partió pudo ver de lejos los edificios de diamante y rubí caerse al suelo.  Las calles de esmeralda y los cielos de zafiro fueron desapareciendo... Piedrack estaba bajo ataque. 

Cuando Sir Gab llegó a una pequeña ciudad vecina, ocurrió lo mismo que había ocurrido en Orodash y Piedrack.  Sin embargo, nadie escuchaba el grito ajeno con su vecindad de ejemplo.  Sir Gab pudo observar como todas las ciudades de Ciarénfediin caían bajo fieros fuegos.  

La noticia de esta destrucción masiva llegó a oídos del Rey de Ciarénfediin y este empezó a reunir sus fuerzas para combatir al hechicero.  Sir Gab arribó a la ciudad de Margen y pidió entrevistarse con el Rey a la vez que su fe perdía.  Le dirigieron hacia el palacio y Sir Gab entristeció, pues al pasar por las playas de azúcar blanca y el mar de limonada rosa, al cruzar las montañas de chocolate cubiertas de crema y campos de hojas de menta donde abundaban las flores de galleta, supo que todo esto pronto estaría destruido por la guerra. 

Cuando al fin llegaron al castillo, Sir Gab le quiso narrar lo que estaba pasando en todas las ciudades de Ciarénfediin y aún más allá.  Sin embargo, el Rey contestó que no podía ayudar a nadie. Su propia ciudad, Margen, corría el riesgo de ser destruida y con mil gritos al viento protestó el ayudar vecinos y así dejó a Margen absuelta.

Esa misma tarde Margen fue atacada.  El rey y sus tropas combatieron en vano.  Desesperado, el Rey mandó a llamar a Sir Gab y le imploró:

Rey: “¡Oh gran caballero!”  “Te ruego nos ayudes.  Andad a la ciudad más cercana y pedid socorro.”

Sir Gab: “¡No puedo hacerlo su majestad!”, Exclamó. 

El Rey enfureció respondió:

Rey: “¿No ves que estamos en problemas?  El mago nos va a destrozar”, dijo angustiado. 

Sir Gab: “No puedo hacerlo”—replicó con certeza. 

Rey: “Dividiré mi reino, todo lo que tengo, con vos si vas a las ciudades vecinas y traes refuerzos hoy.”

Sir Gab bajó la cabeza y dijo en un tono de enojo y pena:

Sir Gab: “Mi señor...Ya no hay más ciudades... Todas han sido destruidas.  Esta es, de Ciarénfediin, la última ciudad.  Todas las otras, entre cenizas, hundidas están”.

El buen caballero partió ese mismo día de aquel reino.  Mientras cabalgaba tomó descanso y se sentó al medio día bajo la sombra de una palmera la cual, entre tanta ruina rebuscó.   Fue entonces cuando contó esta historia a unos caminantes.  Sir Gab contó que la destrucción no había sido causada por el hechicero si no por el egoísmo y la indiferencia de aquellas gentes.  Decidió entonces, junto a otros, empezar la construcción de una nueva aldea.  Sin igual sería, puesto que la indiferencia, allí, no existiría.  

Se dice que en el pico del universo hay ahora sólo un reino en el cual el egoísmo ha sido erradicado y la indiferencia se ha marchado.  Eso fue hace mucho...Hoy sólo nos queda el recuerdo y algo de lo que susurra este cuento: 

“Aquellos que sólo velan por sí mismos cuando del malvado ven la acción, están velando por su propia destrucción”. 

Preguntas de desarrollo:

¿Cuál es el tema central de la historia?

¿Con cuál personaje te identificás más y por qué?

¿Qué te enseñó este cuento?

¿Conoces lugares similares a Cerenfedin? Compará y explicá estas similitudes.