El mundo de arriba las patas

Hoy y aquí existe un mundo de noche y un mundo de día.  Es en la obscuridad, cuando los ojos no ven, que el escenario cambia y a otro mundo nos vamos mientras mantengamos nuestros ojos cegados.  En esas tierras, peculiarmente, las leyes son muy diferentes. Hay que andar con cuidado  si uno es justo, bondadoso y honrado porque en el mundo de Arriba las Patas estos son graves delitos puesto que al revés todo es.  Las prisiones están llenas de buenas gentes y las calles están abarrotadas de delincuentes.

Este es la historia de Doña Fidelina, quien vivía de día una vida virtuosa y recta en la villa de Santa Berta.  Mientras la mayoría de las personas ya vivían en Arriba las Patas, Doña Fidelina atendía su farmacia con gran devoción y gracia.  Una noche, Doña Fidelina cansada, y sintiéndose sola, cerró sus ojos y fue transportada a Arriba las Patas con todo y su pequeña casa.

Se encontraba en su cuarto leyendo cuando de repente escuchó un ruido.  Se asustó mucho y sin querer, la vela que estaba encendida en su mesa de noche botó.  Y entonces, una ardiente llama, de una vieja cortina que guindaba en la ventana se apoderó.  El fuego siguió esparciéndose  por toda la habitación.  Doña Fidelina agarró a su gato y por la ventana saltó para salvar su vida y la de su minino.  Cuando estuvo afuera, y los policías y bomberos llegaron, se oyeron unos gritos que provenían de adentro.  Al investigar, la policía se dio cuenta que era un ladrón, que en ese momento se encontraba robándole a Doña Fidelina y no había podido salir de la casa en llamas.

A los días, los policías llegaron a detener a Doña Fidelina pues el ladrón había sobrevivido y acusaba a la señora de intento de asesinato.  El ladrón argumentó frente al reconocido Juez Juan:

Ladrón: “Soy yo un ladrón humilde su señoría; robo como todos lo hacen aquí.  Estaba yo robando como de costumbre, cuando esta vieja loca le pegó fuego a su casa sin importarle que yo estuviese adentro trabajando.  He quedado cojo de mi pierna izquierda y no voy a poder seguir robando ¿Cómo va a comer mi familia ahora?  Es por eso que vengo aquí ante Ud. que también es ladrón y me entiende perfectamente.  Quisiera que me hiciera justicia señor Juez.  Si mi licencia para robar fuera de tipo “A” y no de tipo “L”, yo hubiera podido matar a Doña Fidelina, robarle, y fugarme fácilmente; pero, como es “L” no pude matarla pues yo cumplo con las leyes.

Juez Juan: ¿Y porque no solicita una licencia “A” para ahorrase problemas?

Ladrón: Pues porque su señoría, yo no tengo  plata, ni conecte en el gobierno.  ¿Cómo consigo una licencia “A”?

Juez Juan: ¿Y Ud. Doña Fidelina que tiene que decir de todo esto?  ¿Tiene licencia para no ser robada? ¿O de que tipo?

Doña Fidelina: No tengo su señoría pero yo...

Juez Juan: ¡No siga, ya escuché suficiente!  Es culpable.  Por gente como Ud. el pobre pueblo se muere de hambre; no dejan en paz robar a la gente.  Es Ud. un atentado para todos los ladrones aquí presentes.  ¿No ve que si no se deja robar nunca tendremos en este país ni justicia, ni paz?

Doña Fidelina: Pero...él me quería robar su señoría.

Juez Juan: ¡Cállese!  Es por gente como Ud. que no avanzamos. Aquí ustedes los burgueses tienen que cooperar con el robo cívico del pueblo.  Además son Uds. Los que tienen que pagar impuestos para mantener a los jueces, al gobierno, y al Partido.  

Doña Fidelina: Su señoría ¿Qué está Ud. diciendo? Esto no puede ser. Me voy a defender y apelaré a otra corte.  ¿Es qué se han vuelto locos todos aquí? 

Juez Juan: Esto se apega a las leyes que pasó ayer nuestra Asamblea Nacional, entidad que representa al Partido que representa al pueblo que representa a los pobres, en fin...

Doña Fidelina: Esto es una injusticia.  ¿De qué es que se me acusa?  ¡No entiendo…el me quiso robar!   

Juez Juan: ¡No sea rencorosa!  Ese es el problema con Uds. No pueden olvidar ni perdonar el pasado.  ¡Ya por Dios!  Esto pasó hace días. Le robaron ¿y qué?  Le van a seguir robando ¿y qué?  Jodido, hay que perdonar y olvidarse de cosas materiales.  Sea buena cristiana y acepte su culpa; aprenda a compartir.

Doña Fidelina: Pero señor Juez, Ud. Tiene una farmacia también ¿No?  

Juez Juan: Conmigo no se compare;  no me ofenda le advierto.  ¿Qué se cree igual a mí?  Yo soy un alto funcionario de gobierno, Juez, y partidista “A” y me debe respeto.  A mi no me falte al respeto.  Yo me he robado todo lo que tengo.  No heredé ni un céntimo como  Ud. De seguro lo ha hecho.  Todo lo he conseguido con mis propias garras, trabajo y astucia.  Tengo mérito propio pues todo es producto de mi robo y esfuerzo.   

Doña Fidelina: ¡¿Esto es un manicomio o qué?!  ¡Justicia!

Juez Juan: Cállese.  ¡Ud. no sabe lo que es justicia!  Nunca he visto una mujer tan resentida.  Libere ese odio que lleva adentro para ver si así Dios se apiada de Ud. ¡Maldita burguesa! 

Y sin más, el Juez Juan dio órdenes de inmediato pues Doña Fidelina se había comportado como una mujer vengativa, renuente al diálogo y al entendimiento de la mordida.  Mujeres conflictivas como ella debían ser eliminadas de Arriba las Patas.

Juez Juan: Queda Ud. aquí condenada a la pena de muerte y todas sus posesiones serán entregadas a este pobre ladrón que no tiene la culpa de haber nacido pobre.

Así  Doña Fidelina fue ejecutada aquella tarde. El ladrón heredó la mitad de las pertenencias de la anciana pues el Juez reclamó su tajada. Algún tiempo después, el Juez Juan habló en la radio instando a todos a perdonar y no seguir viviendo en el pasado puesto que mientras esto siguiera, no podría haber paz. 

Conforme fueron pasando los años, la población de Santa Berta disminuyó y la de Arriba las Patas incrementó más y más. Todos los días más de algún Santabertino cerraba los ojos por solitud y cansancio y al llegar a Arriba las Patas era ajusticiado  de inmediato, a veces públicamente pero la mayor parte del tiempo a espaldas de todos. Y así por más que cambiaran las leyes en Arriba las Patas, nunca llegó la  paz.

Lo único que se puede hacer para arreglar situaciones como esta es tratar de escarmentar en camisa ajena y escuchar algo de lo que susurra el cuento: 

“En un mundo donde la mayoría de las personas viven en la oscuridad con las patas hacia arriba, se les hace cada vez más difícil a los que viven en la luz del día.  Más hay que luchar y nunca olvidar que donde no brilla la ecuanimidad, no puede surgir nunca la paz. El sol de la justicia no se puede tapar con el dedo de un Juez.  ¿Será que tarde o temprano se hacen ciertas las historietas de niños donde los malos pierden y los buenos ganan? …Al menos por naturaleza el plomo se hunde y el corcho flota.”

Preguntas de desarrollo:

¿Cuál es el tema central de la historia?

¿Con cuál personaje te identificas más y por qué?

¿Qué te enseñó este cuento?

¿Conoces lugares similares a Arribas las Patas? Compará y explicá estas similitudes.

¿Qué es lo que más impacta de la historia y por qué?