Los pensamientos de Tuga

En la playa La Flor del departamento de Rivas en Nicaragua vivían dos tortuguitas Paslama que eran muy buenos amigos, Tor y Tuga.

 

Tor era un tortuguito aventurero, alegre y curioso. Tuga era su vecina, se conocían desde que eran solo un par de huevitos y se querían mucho. Sin embargo, Tuga era un poco triste, nerviosa y no le gustaban mucho la aventuras.

 

Todas las tardes al llegar de la escuela Tor pasaba por la casa de Tuga para invitarla a jugar en la arena, en las olas, en fin… Tuga generalmente decía que no y Tor se iba triste a buscar a otros amigos.

 

Un día, todos los tortuguitos de la escuela decidieron hacer un paseo al manglar. La profesora Xochitl era una tortuga de 60 años de edad muy sabia y ella los iba a acompañar. Tuga llegó a su casa ese día y se sentó a esperar y a esperar y a esperar… La mamá de Tuga al verla allí sentada le preguntó ¿Por qué miras tanto a la ventana? ¿A quién esperas? Es que todos van a ir al Manglar, dijo Tuga, y yo no quiero ir porque me da miedo. ¿Y si nos come un Tiburón? ¿Y si la lluvia viene y nos arrastra? ¿Y si llegan los pájaros y nos devoran? Estoy esperando a que Tor me venga a invitar para decirle que no voy a ir. Pero Tor nunca llegó y Tuga pasó triste y encerrada toda la tarde mirando por la ventana.

 

El sol empezaba a caer y de pronto Tuga vio que los tortuguitos regresaban a carcajadas y comentando todas las cosas maravillosas que habían visto en el manglar. Ella se sintió muy triste. Se dio cuenta que ninguno de sus temores se habían hecho realidad y que se había perdido de una gran aventura. Tor se acercó y le dijo: Lo siento Tuga, hoy se me olvidó venir a invitarte, pero la verdad siempre estás pensando algo malo, o te estás quejando, tienes miedo, no te sientes bien… y pues yo hoy quería sólo disfrutar el día.

 

Tuga se quedó pensando y decidió contarle lo que pasaba a su abuelito, una gran tortuga verde de más de 100 años, originario del mar Caribe y conocido por su sabiduría. El abuelo Pedro la escuchó pacientemente y luego le dijo:

Tuga, tu mente es igual que tu brazo, tu puedes manejarla, tú le dices para qué lado se debe mover. Si tú la dejas que sólo piense cosas malas siempre te vas a sentir triste, aburrida, sola y llena de miedo. Haz este ejercicio mañana, no permitas un solo pensamiento malo en tu mente en todo el día y me cuentas cómo te sientes.

 

Al levantarse Tuga estaba consciente de sus pensamientos. Lo primero que pensó fue: “Qué día tan feo, seguro va a llover y probablemente atrape un catarro”. Pero inmediatamente recordó a su abuelo Pedro y cambió su pensamiento: “Qué alegre que voy a la escuela, hoy no hace mucho calor y la voy a pasar feliz con mis amigos”. Y así, Tuga practicó los buenos pensamientos todo el día en la escuela y al llegar la tarde cuando vio a Tor el mismo la llamó y le dijo: “Tor, vamos a jugar al mar, no me quiero perder de estas maravillosas olas”